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A finales del siglo XIX, los primeros vehículos de carga no rugían… ¡silbaban! Funcionaban con enormes calderas que calentaban agua para generar vapor y mover los pistones que impulsaban las ruedas.
Eran pesados, lentos y tardaban mucho en arrancar, pero marcaron el inicio del transporte de mercancías por carretera. Estos gigantes humeantes abrieron el camino para la evolución de los camiones modernos que hoy dominan las rutas comerciales.
Aunque hoy parezca increíble, la industria del transporte nació entre nubes de vapor, carbón y mucha paciencia. Sin esos primeros intentos, la logística actual simplemente no existiría.











